martes, junio 23, 2015

LLORAR A LA MANERA DE OCTAVIO GIRONDO -AMERICA COMPARINI

"A LA MANERA DE GIRONDO"
                                                  A OSVALDO

Llorar sin consuelo
llorar  sin medida
Llorar con las venas abiertas
llorar con los brazos abiertos

Llorar boca arriba con los dientes apretados
llorarte boca abajo con el alma apretada
llorar de costado  con el corazón goteando ausencias
de tu ausencia
llorar de pié en el escalofrió del recuerdo
llorar de espalda tu sombra indeleble
dibujada hasta en las flores de la colcha

Llorar y llorarte
llorarte a gritos en la soledad del cuarto
llorarte mi precioso
llorarte mi hermoso
llorarte mi querubín
mi dulce
mi manjar

Llorar tu boca
llorar tus labios
llorar tu palabra
tu poesía
Llorar tu lengua
tu aroma
Llorar tu olor
el ángulo de tu ingle y tu muslo

Llorar y llorarte en la voz de Pavarotti y "Caruso"
llorarte en las gardenias cubanas  que dejaste para mi
llorarte en el silencio de la noche
llorarte en el ruido de la calle
de las bocinas
de las risas
Llorar por las noches
por no sentir el repicar sincopado de la lluvia en tus brazos
Llorar los sábados, los domingos o cualquier día
leyendo tus cartas-poemas

Llorar
Llorar
llorar
 y llorarte en este desvarío
llorar en este malparido
 en este puto duelo
llorar
llorar
llorar
llorarte hasta la eternidad.



lunes, junio 08, 2015

PARA OSVALDO ULLOA SÁNCHEZ "EL POETA ULLOA" SIEMPRE EN LA NOSTALGIA DEL RECUERDO


 ALLÍ
                     (América Comparini Salas, en el 7| año de tu pertida)

Quiero volver a morir
precisamente allí
Cerrar los ojos
 y  recordarte cuando
se aproximen las últimas sombras.

Hubo un tiempo que 
nos cubrió el manto de la pobreza,
del desamparo
 y no fuimos mas que dos mendigos malqueridos.

Pero nunca tan ricos y felices
como en aquella habitación desgreñada
antigua
de paredes descascaradas
tablas crujientes y parchadas
Iluminadas en los atardeceres
por sombras chinas 
dibujadas con nuestras manos 
o nuestros cuerpos desnudos.

El deseo y la pasión 
incendiaban hasta los clavos de las cornisas
¡Todo ardía¡......
hasta Don Jorge nuestro vecino solitario
de la habitación contigua

El ciruelo curioso
que ascendía desde el jardín del primer piso
elevaba sus ramas y 
estremecido entraba por la ventana
La brisa de la tarde 
desordenaba sus hojas 
contándole las palabras de amor
que nos escuchaba

Alegre salpicaba de pequeños pétalos
la habitación encumbrada en el cielo
donde nos amábamos en presente
con todas las cartas sobre la mesa

Por eso
Ahora que han pasado los años
y tu emigraste a la eternidad
solamente me queda este pequeño derecho
de morir allí
recostada sobre los recuerdos
Porque no quiero olvidar nada:
¡Nada¡