sábado, noviembre 26, 2011

EL JARDIN SECRETO



Comparto con ustedes este maravilloso video, que dará mucha Paz a su alma.
Besos y amor para todos.

viernes, noviembre 11, 2011

11 DEL 11 DEL 2011: LA GRAN ACTIVACIÒN





Desde que estudié y hago Reiki (y Aromaterapia) muchos conceptos espirituales se han abierto y hecho nido en mi corazón penetrándo en un mundo hermoso. He sentido mucha paz y sentimientos conmovedores, en especial de misericordia y amor que ´si existían y se han exacerbado aún más.


Nuestra Maestra, nos pidiò a todas las Reikistas y su alumnas en general, que hoy ,empezaramos a orar desde las 7 AM hasta la noche , cada 1 hora y nos dedicaramos a la meditaciòn y el recogimiento.


Me ha conmovido el que muchas "almas", a las 11.11 AM, nos reunimos a orar, dar gracias al Creador , a la tierra. Se produjo una sinergia maravillosa y sentì una gran emociòn al ver tantas personas en parques , en Chile y vi a través de la TV al mundo conectadas y dándo gracias al Universo, al Creador, a la Pacha Mama, solicitando Amor, Paz, Energias Positivas para el mundo, para la Nueva Era que empezamos hoy: todos queremos Armonìa -Amor y derribar los antivalores que existe en un mundo materialista; Amo a los niños y a mis nietos,creo en ellos ni y en los jòvenes que son todos mis nietos y que anhelan un mundo mejor y también anhelo para las próximas generaciones unn Mundo Nuevo, mejor.


Por ello comparto con todos este artìculo de Helen Maran, que me fue enviado por Psicopresente, una maravillosa entidad a la cual pertenezco y me honra, por los buenos artículos y la gente sabia de alma hermosa que allì gravita. Entidad dirigida por KARMEN, una española de Valencia, que nos nutre con sus artìculos y nos ayuda a florecer.





PSICOPRESENTE
DESARROLLO INTERIOR


EL 11 DEL 11 : LA GRAN ACTIVACION

HELEN MARAN

El próximo 11 de noviembre se producirá un evento sin precedentes en la historia de la Tierra. Por primera vez se activarán de manera definitiva los códigos de luz del alma. Los mismos que fueron desactivados hace miles de años.
Se cumple así un requisito imprescindible para la llegada de la nueva Tierra: el ser humano, para ascender, tiene que estar completo.
Recuperaremos de este modo lo que nos pertenece por derecho propio: el recuerdo de quiénes somos y para qué hemos venido, así como las capacidades que nos son inherentes.
Pero una cosa es recuperar y otra saber utilizar.
Para las personas que están despiertas, la recuperación de esos recuerdos y capacidades puede representar una bendición. Muchos llevan años anhelándolo. Sin embargo, los que aún continúan anclados en la vieja energía pueden verse inmersos de repente en un profundo caos interior. Recuerdos a los que no encuentran sentido y percepciones que no comprenden y que, además, les asustan. Será necesario que, tras esa fecha, las personas que trabajan al servicio de la Luz aúnen sus esfuerzos para ayudarlos a integrar el proceso.
Cada uno de nosotros debe prepararse previamente para ese momento, tal como nos aconseja el Maestro Kuthumi con estas recomendaciones:
1. Buscar la paz interior . Un momento de silencio al día para escuchar la voz del corazón.
2. Recibir conscientemente la luz del sol, con la intención de absorber su poder sanador y elevador de frecuencias.
3. Mantener el rumbo en la dirección indicada por la voz del corazón. Aquello que somos se manifiesta en estos días más que nunca. Caen las vendas que nos cegaban, se derrumban barreras que nos limitaban. Por fin, muchos de nosotros nos animamos a emprender aquello que vinimos a realizar aquí, en esta dimensión.
4. Practicar el desapego de viejos patrones limitantes. Abandonar los pensamientos, costumbres y reacciones que alimentan aún la antigua energía, procurando transformarlos en luz por medio del amor.
5. Fomentar el Amor en todas nuestras relaciones, las que más amamos y las que nos conectan con el miedo. Estas últimas son las que más nos elevarán si somos capaces de bañarlas de amor y aceptación.
6. Recibir la energía de la Fuente en meditación . Su influencia en nuestros cuerpos sutiles es inmensa. Posee un gran poder transmutador que nos libera y nos conecta.
7. Sentirnos Uno. Practicar en nuestras visualizaciones la Unión con todo lo que es y con todo lo que existe.
Cuando llegue el momento recibiremos en nuestro interior una gran luz. Esa luz trae los códigos de activación que necesitamos para recordar. Son códigos de una vibración muy alta. Cuanto más elevada sea la propia vibración durante ese día más armónica resultará la entrada de la luz y su anclaje en cada uno de nosotros.
Podemos prepararnos como nos recomienda el Maestro Kuthumi pero, además, ese día debemos dedicarlo especialmente al cuidado de la propia energía, al equilibrio interior, a mantener la vibración bien alta. Actividades como meditar, pasear al sol o estar en contacto con la Naturaleza son las más recomendables . Hay que evitar especialmente todo lo que nos desconecte de nuestra esencia. Deberemos alimentarnos con moderación, procurando no ingerir alimentos de baja vibración, como la carne o los vegetales transgénicos, y realizar algún ejercicio físico que nos ayude a activar el flujo sanguíneo, ya que los códigos de luz serán transportados a través de la sangre, desde el corazón al resto de nuestro organismo.
La activación se estará produciendo durante todo el día, pero no percibiremos completamente sus efectos hasta el día siguiente, después de haber dormido un mínimo de seis horas.
A partir de la mañana del 12 de noviembre muchas personas sentirán el profundo deseo de dar un giro completo a sus vidas, otros emprenderán su camino con fuerzas renovadas y otros sentirán una gran confusión interna. Los efectos variarán en función del grado de evolución de cada uno y de las resistencias que esté oponiendo al proceso de cambio que todos estamos experimentando.
El objetivo de esta activación es acabar con las limitaciones que, desde el interior de nosotros mismos, nos están impidiendo evolucionar o despertar. No se trata de una injerencia en el libre albedrío de los seres humanos. Se trata de eliminar una limitación que nos fue impuesta hace miles de años, cuando algunos seres confusos decidieron interferir en nuestro proceso evolutivo.
Detenernos a explicar el cómo y el por qué de aquel suceso sería adentrarnos en la vieja energía de separación y lucha, de la que ya nos estamos alejando. Ya no importa cómo, cuándo, dónde, quién o para qué. Dentro de poco estará resuelto.
El 11 del 11 del 11 se producirá una gran activación, pero no será la última. Grandes acontecimientos nos esperan a la vuelta de la esquina. Recibámoslos con amor, libres de temores e inquietudes, porque llega el reino de la Luz a la Tierra, y eso se merece una gran fiesta.










lunes, octubre 24, 2011

NECHI DORADO, UNA HERMANA POETA Y NARRADORA ARGENTINA: "EL AZABACHE SE ENREDÒ EN DOS TRENZAS"



Mi cabeza es la noche:

en ella cual estrellas,

titilan los tembleques luminosos

desde el negro

azabache de mis trenzas

que sujetan,

dobladas en la nuca

las doradas peinetas…

Ana Isabel Illueca



¡Agua, agua, agua! pedían hombres, mujeres y niños y los carros cisternas, llamados culecos, rodeaban los parques para empapar a los convocados por la tradición que se negaba a abandonar el acervo instalado en su sangre a través de las generaciones.

Los bolillos sonaban sobre el parche de la tambora, las flautas lanzaban su sonido agudo acompañadas por el rumor de las zarú *. Cuatro días duraba la fiesta del Rey Momo y el pueblo la celebraba desde que despuntaba el sol hasta la noche, cuando comenzaría el desfile de la pollera, traje típico del lugar, provocando estallidos de color, gracia y belleza.

Los habitantes esperaban el momento que fueran apareciendo las reinas, las mujeres más bellas del pueblo que llegarían danzando rítmicamente al compás de los acordes de la pegadiza música de sus murgas.



Alejada del lugar, otra hermosa mujer trenzaba el azabache de sus cabellos enroscándolos en la nuca. Allí descansarían sostenidas por dos flores magníficas que llamaban del espíritu santo y que ella guardaba para la celebración desde el mes de octubre, cuando los pimpollos se abrían lentamente. El delicado tono marfil de sus pétalos resaltaba sobre ese cabello tan negro como dicen que es la tristeza, los que ponen colores a la invisibilidad de los sentimientos. Parecían palomas posadas sobre la unión del nacimiento del pelo y la raíz de cada trenza.

Impactante la belleza de esa mujer delgada, menuda, cuya cintura fina era constantemente salpicada por el agua de dos mares. Cargaba un pasado tristísimo que se retrotrae al momento en que fue separada por la fuerza bruta, de dos de sus hermanas. Porque las tres fueron una y dicen algunos y esperan otros, que vuelvan a unirse para siempre.

-Falta poco, agregan, muy poco.

De todos modos siguen compartiendo similitudes, idioma, aves, árboles y un sentimiento que el tajo violento de la prepotencia no pudo borrar jamás.

Muchas veces ellas se preguntaron por qué las separaron, por qué causa debían ser tres. Cuál fue el derecho arrogado para semejante amputación, fuera del derecho impuesto a fuerza del filo de cuchillada que se clava en la carne dejando cicatrices que no cierran.

La respuesta se arrinconó en el recuerdo de la intromisión permanente de la otra mujer bellísima, la que no se integraba, la que tenía ojos que parecían pedacitos de color robados al cielo, porque todo lo suyo era robado. Cercenamiento producido bajo su mirada tiempo antes de recibir el regalo de esa estatua de cobre, acero y concreto que habría de convertirse en su atalaya desde donde podía dominar hasta lo inimaginable. Coloso magnífico que sin embargo, representa, hasta hoy, el símbolo de la delincuencia impune, del llanto de madres y de niños, lágrimas que recorren el orbe arrastrando luto, remolcando desconsuelo. Rememorando ausencias y despertando silencios remolones.

La mujer pequeña, igual que sus hermanas, vestía túnica blanca; como todas llevaba faja ciñendo su cintura. La suya estaba formada por dos cuadros blancos pegados en un ángulo, sobre cada uno cayó una estrella de cinco puntas, una azul y la otra roja, quedando para siempre en la textura suave de la tela.

En la banda inferior lo cuadros se intercambiaban, así fue como podía verse bajo el busto, uno blanco pegado a otro rojo, debajo de los cuales había uno azul y a su lado otro blanco.

Esos colores reflejaban a los dos partidos políticos que gobernaban el país. El liberal, identificado con el color rojo y el conservador, con el azul.

La mujer tomó un escudo que centró en el pico del escote de la túnica, era el símbolo de la paz y el trabajo. Un lema ocupaba la parte superior, aunque sufrió muchas modificaciones a lo largo de su historia. Ese día ella tomó el que tenía forma ojival, dividido en cinco cuarteles. En la parte superior, refulgían nueve estrellas de oro delineadas en un campo de plata. Se veía, además, un sable y un fusil brillantes, colgados, como símbolo de paz pero a la vez alertas para defender a esa mujer pequeña cuando hiciera falta, aunque de momento no hayan podido protegerla del todo. Hacia la izquierda, un campo rojo donde bordaran una pala y una pica, honrando al trabajo.

Hacia el centro se estiraba la silueta de esa mujer, comparable a un istmo con sus dos mares estáticos sobre la tela. Había también un cielo con el sol escondiéndose tras un monte, rememorando las seis de la tarde del día en que la amputación entre su cuerpo y el de una de las hermanas, se llevó a cabo, para dolor perpetuo de ambas. A la derecha la luna se estiraba, como desperezándose de la modorra, entre las olas marinas.

Más abajo la estampa dejaba ver otras alegorías, dividida también en dos cuarteles. Uno azul fuerte donde una cornucopia descansaba su sueño promisorio derramando monedas, símbolo de riqueza. Hacia el lado izquierdo, el campo blanco contenía una rueda alada, que dicen los ancianos del lugar que representa el progreso.

Sobre la imagen, dándole más imponencia, un águila harpía, ave preferida por la mujer, dirigía su mirada hacia la izquierda y de su pico colgaba una cinta con un lema. Sobre el ave, un arco formado por diez estrellas honraban a las nueve provincias unidas en la túnica de la mujer pequeña. Como abrazando al escudo, dos banderas en astas sobre lanzas custodiaban su sueño libertario.

Joya hermosa que la mujer atesoraba y cuando venía al caso, prendía de su pecho para lucirlo con el orgullo de quien ostenta un pedacito de su anecdotario grabado por el arte incorrupto de la memoria.



-¡Agua, agua, agua! se sentía a lo lejos y la mujer sonreía mientras su eterna compañera, el águila harpía, se posaba un poco sobre su hombro y otro poco sobre el escote de esa túnica que también parecía de espuma.



Su hermana lejana, la que habla idioma diferente desde la estatua, insignia del despojo, gozó sumiendo a la hermosa mujer bajo su dominio durante muchísimos años. Aunque no pudo quitarle su tradición pese a tanto intento, cosa que de por sí, para aquella, representaba un fuerte desprecio.

La mujer bañada por dos mares no podía perdonar que en algún momento, amparada por su superioridad, su hermana perversa enviara a Chiquita-bra arrastrando una maldición que se clavaría en la médula de sus hijos, dejando tantos huevos que hasta el momento no han podido ser aniquilados.

Huevos que al partirse se convirtieron en bases militares alimentadas de carne humana.

Carne de hermanos contra hermanos.

Carne de pobres deglutidos por la infamia.

Carne infectada por pesticidas criminales.

El árbol Panamá, donde tantas veces se enroscara Chiquita-bra antes de mudar su piel por entre los bananares, saludaba a la mujer hermosa que se acercaría al pueblo para disfrutar de la algarabía popular. Fiesta que año a año le permitía calmar un poco, la profunda herida que sangraba constantemente en ese corazón partido, una de cuyas partes quedara apretadita sobre el pedazo más grande que le tocara a su hermana antes de la división que padecieran ambas.

Esta pequeña pero noble mujer, soñaba oficiar de puente entre esa hermana y las otras, pero manos enviadas desde la estatua impedían que el puente se abriera según las necesidades de todas ellas. No obstante dicen que la mujer sigue hasta la actualidad alimentando su sueño secreto, sin claudicar.



Tuvo hijos tan nobles como ella y otros cooptados por la hermana rubia, indolente, sanguinaria, que abrieron las puertas a la monstruosa víbora que comenzó a quitarle sus frutas para mandarlas donde el cerebro indicaba, el centro del coloso, a lo lejos. ¡Siempre el banano! Como eje central de la avaricia volvió jirones las túnicas hermanas.

Como involuntario reproductor de espantos repetidos.

Como generador de divisas estancadas en el corazón de los frutos que crecían en racimos, tal vez para darse fuerza unos a otros en un intento tan estéril como el útero de la mujer custodia del cerebro fermentado.

Como oro verde codiciado, devorado, exprimido en la esencia enviciada de la bestia.

Lloró lágrimas de amor irrenunciable cuando embarcaron los primeros setecientos cincuenta racimos hacia la cueva norteña. Estibaban entre ellos, el sudor de sus hijos, la sangre de sus manos, la carga del esfuerzo de las espaldas combas que parecían imágenes humanas del banano.

Lloró lágrimas de amor irrenunciable cuando Chiquita descubrió también el aroma del cáñamo para llevarlo más lejos aún. Todo fue despojo, entonces. Las fibras fueron fletadas hacia donde el odio partiría en dos al mundo, apoyado en el sonido siniestro de bombas descargadas sobre la tierra lejana.

Donde los hombres se mataban por órdenes de otros hombres cuando un espectro maléfico llenó de humo los cielos dejándolos chamuscados para siempre.



Mientras el pueblo esperaba la danza de las polleras, la mujer acariciaba sus trenzas azabaches recordando el día que rajaron su túnica, de la cual resbalaron sus hijos, quedando de un lado ellos y del otro, los hijos de su hermana que habla diferente y que enviara cubiertos de pertrechos, atropellando, sin pedir permiso. Ultrajando como acostumbró hacer desde épocas inmemoriales y lo sigue haciendo, descarnada, brutal. Impune.

¡Tan execrable que no puede describirse con palabras!

Los primeros tuvieron su lugar donde pudieron. Los de su hermana donde eligieron.



Continuaba el carnaval, ya se escuchaba el sonido de las polleras agitadas que parecía un susurro envolvente en aquel paraje tan cargado de recuerdos para la mujer pequeña, de cintura frágil salpicada por la sal de los dos océanos. Ella miraba sonriendo con la dulzura que algunos ojos tienen la particularidad de transmitir. Se acercaba lentamente hacia el lugar donde las primeras empolleradas danzaban su tradición.

Cerca de allí se apilaban resabios de situaciones anteriores como para que nadie olvide que la hermana de idioma atropellado, dejó hace muchos años sus embriones, que dieron lugar a otras vidas que siguen reptando a lo largo y ancho de la túnica de esa mujer memoriosa.



Ríe la mujer bestia desde su mirador eterno, ella sabe que en el lugar donde se agitan las polleras están sus esbirros mirando hacia otra hermana morena, tan hermosa como todas ellas. Hermana donde los colmillos de Chiquita-bra también dejaron cicatrices que ni la brisa ni el sol pudo borrar jamás, en su reptar hacia el sur desvencijado.

Cicatrices que son surcos por donde caminó la historia su paso cargado de lamentos y de lutos.



¡Agua, agua, agua! Pedían hombres, mujeres y niños entre risas de pueblo y rememoración folclórica.

Un anciano solitario apareció de pronto, llevaba tras de sí la sombra de un pasado glorioso. Parecía que hubiera estado allí, toda la vida. Habló con tanta seguridad que cualquiera que pudiera oírlo sentiría que le estaban inyectando vida y esperanza.



-Conozco el dolor de esta mujer de trenzas azabache y se que ella también pide agua para calmar el fuego eterno de su angustia acurrucada entre los pétalos de esas flores del espíritu santo, que guardó para este día.

Y dijo también el hombre de mirada penetrante y firmeza tan arrolladora como el amor y la locura.

-¡Es por eso que los mares reciben sus lágrimas, bañan su cintura salpicando su vientre, la acarician y la besan, la contienen, mientras ella sigue soñando ser el puente que una a todas las hermanas!

Unión que está encaminada ¡Mira como la otra se agita desesperada allá a lo lejos! Convocando a la muerte, a la tortura, sembrando terror reflejado sobre los ojos fríos y ausentes de sus matones.

De momento, los huevos de Chiquita-bra siguen abriéndose, lanzando su veneno, pero llegará el día, agregó esperanzado, que las hermanas recuperarán su memoria.

Sólo hace falta que sus hijos quieran escuchar sus propios cantos, concluyó, mientras se alejaba con paso lento y cansado hacia el tronco estoico del árbol de Panamá, donde estaba la mujer y su águila. En su cintura el brillo de una espada iluminó la túnica con luces de otros siglos.



La mujer abrió sus brazos para recibirlo, era su hijo adorado que comenzó a andar nuevamente, dando vueltas por la zona con la misma terquedad como lo hiciera hace tantos años, cuando sembraba sueños que fueron truncados por el odio pero que no murieron del todo.

Juntos, madre e hijo, comenzaron a repasar las hojas amarillas de un ayer supurante. Ambos esperan que renazca la maravilla pese al desprecio que provocó su presencia en el epicentro absurdo de la enajenación.

Ellos tejen hebras de futuro, esperan arrinconar todos los intentos por evitar lo que sigue haciendo aquella mujer detestable, agazapada tras las ventanas contaminadas de la estatua.

¡Agua, agua, agua! Seguía cantando el pueblo antes de que aparecieran las primeras polleras en la nochecita calurosa entre los dos mares.



A pocos metros de allí, entre las hojas del añejo árbol Panamá, la utopía desplegó sus alas para echar a andar los caminos polvorientos hacia el mañana, cuando tal vez la postergación se convierta en mal recuerdo.

-El engendro se retuerce allá a lo lejos, genera pautas, declara guerras mientras se tambalea aunque no termine de caerse del todo porque tiene la fuerza de enmarañarse en las túnicas de las mujeres bellas que son orgullo de sus hijos.

Y tiene cómplices que apuntalan sus deseos que no han de ser cumplidos, Madre, dijo en voz baja el hombre mientras la mujer pequeña acariciaba su frente, dándole fuerza y coraje, nuevamente.


















martes, octubre 04, 2011

MANHATTAN FILM DE WOODY ALLEN (1979) POR ALEJO URDANETA ESCRITOR Y AMIGO VENEZOLANO (CARACAS)


Siendo Woody Allen, uno de mis directores contemporáneos preferidos por su genialidad, comparto con ustedes esta estupenda reseña del film MANHATTAN, que ha escrito mi amigo el escritor venezolano Alejo Urdaneta.



MANHATTAN / Woody Allen (1979)

Alejo Urdaneta

Woody Allen consiguió presentar una radiografía de la ciudad de Nueva York, su amada Manhattan, ofreciendo una cara mucho más amable, sin violencia pero con un deje melancólico, distinta de la que Martin Scorsese y Francis Ford Coppola mostraron en sus películas sobre los bajos fondos de la ciudad.

‘Manhattan’ está considerada la mejor película de Woody Allen, autobiográfica como todas las suyas, y por esa razón nos ofrece el mismo personaje judío, urbano, sentimental, neurótico, amante del cine, que busca el amor con desesperación y halla en sus amadas a mujeres más atormentadas que él mismo.
Presenciamos una burla inteligente de los esnobismos convencionales que acosan a la sociedad moderna, sobre todo la urbana, y Manhattan es el modelo de ciudad plena de cultura y al mismo tiempo de pobreza espiritual y crimen.
El prólogo de ‘Manhattan’ es una declaración de intenciones, un poema sinfónico que nos muestra cómo la Gran Manzana nos abre las puertas, enseñándonos sus imponentes edificios, su tráfico vertiginoso y su ritmo de vida frenético, en un montaje acelerado que culmina con unos fuegos artificiales, todo ello al son de la maravillosa y estilizada obra ‘Rhapsody in Blue’, de George Gershwin. Esta obertura es, por sí sola, la más hermosa oda que se ha dedicado a la ciudad de Nueva York, verdadero protagonista de la hondura de esta película.
Ike (Isaac) es el personaje representado por Woody Allen. Se ha enamorado a los cuarenta y dos años de una niña de diez y siete, pero sabe de la fugacidad de una relación sentimental tan inestable: Ella es sencilla y vive su primera juventud con ligereza, mientras que Ike le habla de sus obsesiones neuróticas.
Es el primer film primer film de Woody Allen rodado en blanco y negro y en formato mayor, y en él se aprecia un prurito esteticista al que es poco dado su autor. El excelente trabajo de la fotografía se nota en los encuadres medidos, en los planos sostenidos, en los claroscuros, en esa neblina que envuelve la ciudad y que le confiere un aura entre mágica y siniestra. Algunas secuencias como la del Planetarium, la del puente de Brooklyn o la del paseo en carruaje nos brindan una faceta poco conocida del director.
En ‘Manhattan’ apreciamos la personalidad del cineasta: la inseguridad, el engaño, la infidelidad, la crítica mordaz a los diletantes con ínfulas de intelectuales..., sin olvidarse de sus autores preferidos: Bergman, Strindberg, Tolstoi, Freud. En este film, Woody Allen, interpreta su propia personalidad: tímido, desgarbado, pusilánime, hipocondríaco y sarcástico, con el semítico nombre de Isaac Davis, en su infructuosa búsqueda de la felicidad. Aunque tiene buen corazón, sus dudas amorosas le hacen ser egoísta.
Los enredos sentimentales de los protagonistas se nos presentan como un cruce de relaciones pasajeras entre el pequeño grupo de amigos, entre los cuales se destaca Mary (Diane Keaton), periodista y amante de Yale, y tan inmadura y engreída como el mismo Yale aunque no tan cínica.
Con ella tiene iKe un romance fugaz que lo daña y lo hace buscar de nuevo a la joven Tracy, la novia juvenil que abandonó: una muchacha que, a sus escasos diecisiete años, muestra una templanza y un equilibro afectivo envidiables. Es la única que sabe realmente lo que quiere. Su amor por Ike es incondicional, aun después de que él la deje por una mujer mayor: Mary (Diane Keaton).
Woody Allen hace en sus películas una defensa enconada de la sensibilidad frente a la inteligencia. Eso se percibe en ‘Manhattan’ mejor que en ninguna otra de sus películas.
¿Vale la pena vivir? Es la pregunta que sostiene el drama de Allen.
En el autoanálisis que se hace ante una grabadora, Ike nos dice las cosas que justifican la vida: “Bueno (suspira), hay varias cosas que … que creo hacen que valga la pena: ¿cuáles? Bien, para mí, yo diría: Groucho Marx, por decir una … Wille Mays… el segundo movimiento de la sinfonía Júpiter… y Louis Armstrong… las películas suecas, naturalmente … La educación sentimental de Flaubert… Eh, Marlon Brando, Frank Sinatra. MMM… Las increíbles manzanas de Cezanne….. La cara de Tracy (la joven novia)”
Una frase reúne la tesis vital de Woody Allen: “Nada que valga la pena puede ser asimilado por la mente. Tiene que entrar por una abertura diferente, y disculpa lo vulgar de la imagen: Siempre he pensado que el cerebro es el más sobrevalorado de todos los órganos”
Gustave Flaubert y su novela decimonónica: La educación sentimental, es el texto que desarrolla el aprendizaje emocional y amoroso de Ike en su vida en la gran manzana.Una película que toca nuestros sentimientos nobles, aunque su tema gire en torno a la tristeza del amor irrealizado, como ocurre casi siempre.Ike es rechazado por su novia Tracy, con la promesa de verse en seis meses. El rostro del personaje es de una desolada autocompasión. Y se escucha de nuevo, en el final del drama, ‘Rhapsody in Blue’, de George Gershwin, que había dado inicio a la obra.

FICHA TÉCNICA



Woody Allen, como Isaac Davis.

Diane Keaton, como Mary Wilkie.

Michael Murphy, como Yale Pollack.

Mariel Hemingway, como Tracy.

Meryl Streep, como Jill Davis.

Anne Byrne Hoffman, como Emily Pollack.

Karen Ludwig, como Connie.

Michael O'Donoghue, como Dennis

Wallace Shawn, como Jeremiah


jueves, agosto 25, 2011

GRACIAS A LA VIDA ..DE GABRIELA ABEAL POETA ARGENTINA Y GRACIAS A LA VIDA DE NUESTRA GLORIOSA VIOLETA PARRA..O GRACIAS A LA VIDA "DE AMBAS"



Justamente por estos días se estrena en Chile un film hermoso sobre"VIOLETA PARRA" que pasa como una pincelada por el alma y deja gusto a poco :"Violeta se fue a los cielos", film del chileno Andrés Wood (director también de Machuca y La buena vida) estrenada el 11 de agosto en Santiago y está basada  en el libro homónimo de Ángel Parra, hijo de Violeta, quien participó activamente en el guión y además  junto a su hijo Ángel en la banda sonora de la película.
La película muestra  a  la artista desde su infancia en el sur de Chile, su rebeldía, su búsqueda, su honestidad y coherencia, su familia, sus frustraciones y aciertos, sus viajes a París, Polonia, su amor por Gilbert Favré, sus sueños y sobrevivencia, la creación  de la Carpa de La Reina, donde se suicidó en 1967 a los 49 años.
La  actriz que la interpreta, Francisca Gavilán, tiene un parecido extraordinario con Violeta y hace una interpretación magistral del personaje.
Conmueve y hace llorar...o apretar los puños con ira, porque Violeta, era genial y no le dieron nunca el sitial que merecía en este país, un país donde la pobreza y la injusticia,  la marcaron de niña y que posteriormente, la obligó a empuñar un arma y dormir..como lo hacen o desean muchos artistas o  seres hipersensibles y bellos que no tienen valoración, ni cabida en este mundo.
Salí del cine, con una mezcla de tristeza y admiración profunda, aunque como dije anteriormente, con hambre de más, viendo esa pequeña; pero hermosa reseña biográfica de una gran e intensa mujer tan rebelde, solidaria, poeta, bordadora, recolectora, compositora, folclorista, cantautora, es decir  una artista completa.
Había conocido mucho de ella , a través del "Gitano Rodriguez", escritor, músico, que la conoció de profundis y compartió mucho con ella, a quién tuve el agrado de conocer en la SECH (Sociedad de Escritores de Chile) y  luego conversar largamente,en el Instituto Cultural del Banco del Estado, donde mi amigo el poeta y pintor , Leonel O·Kuinghttons, era el Director, e hizo un homenaje a Violeta mostrándo su vida y obra..
El Gitano Rodriguez, nos dió a conocer en charlas y diaporamas mucha poesía, y la  vida de Violeta Parra, su gran  y admirada amiga.
Así con el alma llena de pensamientos recuerdos, aún sumida en lo que me provocó este hermoso film, al día siguiente retomé algunos mails guardados y archivados para leerlos con tranquilidad y encontré este "Gracias a la Vida" de Gabriela Abeal, allende a Los Andes, hermana escritora, que siempre me sorprende gratamente, con sus tan bien escritos artículos, llenos de calor humano y testimonios gratos de vidas y momentos cotidianos o históricos en la literatura, llenos de aciertos.
Comparto gratamente con ustedes a Gabriela.




GRACIAS A LA VIDA
                                 (GABRIELA ABEAL)



Voy a dejar de lado la humildad y disfrutaré en sentirme esta tarde de sábado donde la lluvia no cesa, la Diosa que vive entre las letras.


Mientras estaba en el trabajo mi madre me comunicó que llegó un sobre a casa aparentemente con libros. Al llegar, efectivamente se trataba de un envío que salió de Venezuela el trece de diciembre de dos mil diez, o sea, sacarán la cuenta el tiempo que tardó a pesar de ser un correo certificado. La sensación es, que se subió a un buque de antaño, se extravió en alguna isla hasta y la magia lo trajo hasta mi puerta. Si fuese verdad, sería poético, pero en realidad el sobre venía abierto de varios lados y luego pegado con cinta, recordándome la actitud de otro país con respecto al correo y la libertad que eso implica.


Para regocijo de mi alma en el sobre venía el ejemplar dedicado (inscripción que me sacó numerosas carcajadas) “En la alta noche” de Alberto José Pérez, maestro y amigo.


Al sentarme tranquilamente para disfrutar de su poesía, pude viajar por los sentimientos del autor y conocer un poco más su tierra.


Cuando llegué a la página once me volví a encontrar con el poema que una tarde del año dos mil siete me sedujo he hizo que cambiara inesperadamente el rumbo de mis palabras.






Yo quiero hacer café contigo

Alberto José Pérez




Yo quiero hacer café contigo

mientras un arroz crezca en su blancura

y unas berenjenas suden en un caldero

los siglos de su gloria para nosotros


cortes de ternera navegando en cebolla y pimienta

pondremos en el centro de la mesa

como un planeta radiante

con sus lunas de aguacate

lechuga

albahaca y vino


y para dicha de los paladares

serviremos dulce de ciruela de huesito

envuelto en telitas de queso de mano apureño

para que el café que tú y yo colemos

viaje como un río sereno en su corriente

y sea cantada nuestra mesa

por Don Pablo Neruda

que vendrá a casa de la mano de Rosa Alchaer Alchaer

a comer con nosotros.



Cuando en aquel tiempo leí el poema sentí esa sensación que me ocurre infinidad de veces y me digo a mi misma, cómo me hubiera gustado ser la autora, por como está escrito y lo que trasmite.


De allí es que gracias a una fotógrafa (ahora hermana de la vida) Venezolana, Ana Berta López y su carismático y generoso corazón, hiciera llegar a la bandeja de entrada del poeta, comentarista y editor Alberto José Pérez las humildes palabras con respecto a su obra, y con todas esas causalidades y misterio naciera en Venezuela mi primer libro.
Hoy ya pasados cuatro años de aquel mágico encuentro, no solo sigo conservando la amistad y generosidad de ambos, sino que también se amplió el círculo de amigos y con ello el nacimiento de más hijos literarios.
Al seguir recorriendo “En la alta noche”, llegué a la página veintiséis y con ella la poesía “Canción de distancias”






Canción de distancias
Alberto José Pérez


                                                           Una canción de distancias

con siglos en su melancolía

que en su letra

los enseres

telarañas y retratos de una casa abandonada

recobren su vida

y que a vuelo de pájaro

se pasee por el mundo


Quiero escribirla

para que la cante María Gabriela Abeal

como si fuera de su puño y sesos

y que alguien al escucharla

esconda la cara entre sus manos y llore

por haber venido y tener que marcharse

con su pesada carga de mañanas

sin tener oportunidad para otra huella

una tarde

una noche

para decir el padre nuestro a la orilla del mar
con un vaso de güisqui en la mano.

Esta es la parte que dejo la humildad para sentirme Reina entre los verbos de un autor que no solo aprecio sino que también admiro y le temo cuando me corrige con su arrecho desboque de expresiones.
La historia podría terminar aquí, y a pesar que no me gusta escribir de forma extensa también quiero compartir con mis amigos que en el sobre no solo venían ejemplares de “En la alta noche”, además la edición (que aún por la distancia y otras yerbas desconocía) de La Colección La Cola del Cometa, Boulevard Atlantic Hotel “Monumento al amor” (publicado en junio de 2010 por La Editorial La Espada Rota) que es de mi autoría…
El señor Jesús Salazar, editor de La Espada Rota, amigo de Alberto y por añadidura lo siento también amigo mío, me ha dado un espacio que no todos los días se encuentra en el devenir del poeta… hombre sensible, que de sus generosos regalos también tuve el placer de conocer personajes que jamás imaginé, como digo siempre, ni en mis sueños más locos.
Mientras escribía esta crónica una y otra vez venían a mi mente las palabras que llevan como título este escrito… porque a veces nos sentimos espejo de lo que otros transmitieron es que para finalizar adjunto la letra que sigue a continuación…




Gracias a la vida

(Violeta Parra)


Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Me dio dos luceros que, cuando los abro,

perfecto distingo lo negro del blanco,

y en el alto cielo su fondo estrellado

y en las multitudes el hombre que yo amo.


Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Me ha dado el oído que, en todo su ancho,

graba noche y día grillos y canarios;

martillos, turbinas, ladridos, chubascos,

y la voz tan tierna de mi bien amado.


Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Me ha dado el sonido y el abecedario,

con él las palabras que pienso y declaro:

madre, amigo, hermano, y luz alumbrando

la ruta del alma del que estoy amando.


Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Me ha dado la marcha de mis pies cansados;

con ellos anduve ciudades y charcos,

playas y desiertos, montañas y llanos,

y la casa tuya, tu calle y tu patio.


Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Me dio el corazón que agita su marco

cuando miro el fruto del cerebro humano;

cuando miro el bueno tan lejos del malo,

cuando miro el fondo de tus ojos claros.


Gracias a la vida que me ha dado tanto.

Me ha dado la risa y me ha dado el llanto.

Así yo distingo dicha de quebranto,

los dos materiales que forman mi canto,

y el canto de ustedes que es el mismo canto

y el canto de todos, que es mi propio canto.


Gracias a la vida que me ha dado tanto.





































































































































































martes, agosto 23, 2011

ARISTÓTELES ESPAÑA , POETA CHILENO QUE HA EMPRENDIDO SU VUELO


DEl POETA CHILENO ARISTÓTELES ESPAÑA, RECIENTEMENTE FALLECIDO



Premio "Gabriela Mistral" Chile 1983 - premio latinoamericano "Ruben Darío" Ministerio de Cultura Nicaragua 1985 - premio "Alerce" ministerio de educación y sociedad de escritores de Chile 1998






La mueca del miedo



El miedo aparece como una canción chilena, uruguaya, o de cualquier lugar;

sólo te dice: hola persona, hola gato,

y el miedo se vuelve artista de circo,

se ilumina, puede incluso escribir un poema,

porque sabe que su nombre es Miedo.

Le cuento más cosas amigos lectores:

el miedo puede tener nombre de poeta, de músico,

el miedo puede ser cualquier presidente del mundo,

el miedo puede ser una mujer hermosa atrapada

por el deseo de su compañero que la desviste y la vuelve loca;





el miedo tiene que ser tonto de repente porque es una palabra,

y como sabe que es una palabra puede ser inteligente cuando desee,



veamos más cosas:



el miedo puede ser una ventana, un reloj, una pistola, un aeropuerto.



Hace años visité a una amiga que tenia miedo en la habana

y le dije que el miedo que tenía era porque no hacía el amor,



y tenia miedo su abuelo, tenía miedo su cuerpo,



y cuando estuve hace poco en buenos aires igual tenía miedo,

murió mi niña, poca gente sabe mi vida privada de poeta.

Y tuve miedo porque llegó una mujer llena de miedo

y me acompañó a los grandes espacios del mundo de mi exilio.



Tiene miedo la gente que vuela sin mi acento y los amigos

que piensan que yo soy un descarriado, que sólo ellos valen,

que ellos son lo mejor del mundo,



no saben que tengo miedo cuando vuelo, cuando voy al puerto

de valparaíso y los peces me hablan, me dicen hola compañero,



ellos, algunos amigos,

no tienen miedo porque son aburridos y tienen paz y no vértigo:

tengo miedo siempre, ahora de mi vida de poeta porque el miedo

es parte de mi infancia, se mueren amigas y amigos

y nadie tiene miedo porque el miedo es una palabra,

ahora el miedo no provoca paz, provoca miseria,

provoca lejanos abismos donde hay ríos sin miedo.



Tengo miedo de mi mismo, el miedo me llama todos los días

pero no tengo teléfono ni celular.

El miedo me dijo que tengo que aprender a ser feliz solo,

cuando tuve dinero estaba todo el mundo con el miedo mismo,

tengo miedo de un perro loco que me ladra y creo que es un gato,

todo se confunde cuando uno tiene miedo,

entonces, todo vuelve a ser tranquilo en la tarde de valparaíso,

porque hay miedo en la gente, sus rostros tienen miedo

de pequeños instantes.



Y ahora tengo miedo porque deseo escribir un poema sin miedo,

pero no puedo

entrar a la página en blanco,

es puro miedo, lectores,

entrar a una página en blanco es el miedo mismo,

y tengo miedo porque la tarea del poeta, es

vencer al miedo,

decirle chao, adiós,

y entrar al infinito como un ajedrez lleno de metáforas,

y ayudarlo,

para que el miedo no tenga miedo.



Aristóteles España

Valparaíso, Chile, agosto 13, 2010



http://www.paginadearistotelesespana.blogspot.com/.