La primera vez que pisé la SECH (Sociedad de Escritores de Chile), en la calle Simpson 7, fue a los 19 años y lo hice de la mano de un hombre que marcaría mi destino .
Mi pareja durante algunos años de mi dorada juventud y padre de mis dos hijas mayores, escritor y periodista, 29 años mayor que yo y profundamente enamorado de esta incipiente joven poeta que escribía en diarios de vida, cuadernos , hojas sueltas y que jamás soñaba con publicar un libro y que se quedaba quieta, silenciosa, obnubilada ante la presencia de escritores de peso, que circundaban la SECH y mantenían alli incrébles dialogos y conversaciones del acontecer cultural del medio.
Solo recuerdo que me nutría de esos intelectuales de élite, que me miraban con respeto y besaban mi mano al saludar, porque era la "musa" de uno de sus pares, muy cuestionado por sus libros de corte social y de personajes marginales , profundamente transgresor en su literatura y en su vida personal.
En algunas ocasiones poetas o narradores, me integraban a sus conversaciones, pero mi timidez e inseguridad era tan extrema, que me hacía contestar en monosilabos y sentir la mano de mi compañero que sujetaba con firmeza la mía.
Él justificaba mi mutismo, a veces con frases que me sonrojaban y llenaba de pudor:
_"Ella es tan bella que no necesita hablar"_
Lo que daba pábulo , para propiciar a los poetas a decirme camuflados piropos.
Esa primera vez al ingresar al recinto , nos recibió el escritor y poeta Mario Ferrero ( QEPD) con su encanto de siempre y su sonrisa permanente, en ese momento miembro del directorio de la entidad.
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