jueves, octubre 18, 2012

CRISTIÁN WARNKEN ME HA INTERPRETADO



A comienzos de Agosto, cuando se inició todo este tema de las Campañas electorales, aledaño a mi casa se situó "la casa comando de un concejal". 
Lo primero que hizo para "hermosear" el lugar en cuestión y colgar sus pendones con consignas y frases esperanzadoras  para la comunidad, fue "cortar de raíz un bello Pino", que perfumaba las mañanas y tardes de mi terraza.
Vinieron unos empleados , vestidos y con camioneta con el Logo municipal con sus "mortíferos instrumentos.
"El arbolito vivió allí casi 20 años, era hermoso, estaba lleno de aves  y nidos". Cubría con su sombra un  perímetro que abarcaba casi todo el patio: ¡obvio¡ su tronco molestaba para guardar los vehículos de la propaganda. Cómo si fuese poco, los árboles de la entrada y de la calle, fueron podados al extremo y quedaron sin ramas, ni hojas. El aroma intenso del pino, persistió por más de de 3  semanas. Hasta el final  entregó belleza, ya que la cuadra se llenó de aroma a bosques..

Sentí que tenía un hueco en el estómago, por donde salían lágrimas de ira, de  tristeza infinita. Demoraron 4 días en cortar con un sierra. Casi el mismo tiempo que vino una loica de pecho rojo. a trinar sujeta en el cable telefónico, mirando el espacio vacío: imaginé que venía por su nido.
Pregunté no hubo respuestas para la intrusa y  luego lloré desconsoladamente ¿a quién reclamar? si el concejal electo y promocionándose para el próximo período era del mismo partido de la actual alcaldesa ????????????.

Se que por mi condición de Reikista, no debo sentir rencor o anhelar el mal al prójimo; pero sentí mucha ira y frustración por la pérdida del bello pino y los arbolito mutilados de la entrada y las aves huérfanas de su espacio. Todos parte de la naturaleza, gratuitamente entregados a nosotros por el creador, sacrificados por el hombre: por sus intereses.
Como si fuese poco  a mi vecina , se le ocurrió ante mis reclamos, que deberían cortar el arbolito frente a nuestras casas , por "viejo y seco", traté de hablarle calmadamente y explicarle cientos de cosas; pero igual, contagiada "por la limpieza del ambiente", habló con el concejal en cuestión para que lo cortase.  
Afortunadamente, por cosas de tiempos y otras yerbas, no fue cortado y hoy está lleno de hojas nuevas y brotes y en su interior viven chincoles, una hermosa  pareja de torcazas, zorzales,  los que siento piar cada mañana. Le mostré a mi vecina llena de entusiasmo el arbolito, pero ella insistió:
_ ¡Si, pero hay que cortarlo igual¡- hablando  como una tirana y yo "una loca".
Pensé con tristeza: Los humanos somos solamente simples  huéspedes en este planeta..pero muchos huéspedes depredadores y soberbios.
Por ello cuando encontré hoy este artículo de Cristián Warnker,  me sentí completamente interpretada y no trepidé en difundirlo en mi blog; porque somos muchos también los que si tenemos conciencia y amor por la naturaleza...y no estamos locos.

"Querida Araucaria vecina, (querido pino) majestad venida a menos de este Reino de Chile depredado: sueño con el día en que los niños del futuro vengan otra vez a abrazarte, a buscar tu sombra, a recoger los frutos. Si estás (si vuelves a florecer)todavía aquí, ¡recíbelos con los brazos abiertos, como una madre a sus hijos pródigos!"
¡Que así sea¡


¡Que así sea¡ ¡Que así sea¡.....

Cristián Warnken 
Jueves 16 de Febrero de 2012
El odio al árbol


Cristián-Warnken.jpg
En Chile existe un odio atávico, incomprensible, al árbol. La tala indiscriminada, la quema, el abandono, la indiferencia de sus habitantes por los árboles no tienen parangón en la Tierra. Qué paradójico: Chile es pródigo en bosques milenarios únicos, de árboles de hoja perenne, y, sin embargo, ni los habitantes ni las autoridades tienen conciencia del valor sagrado de sus quillayes, ñirres, peumos y araucarias. Cerca de mi casa, en la esquina de Américo Vespucio con Francisco de Aguirre, hay una araucaria abandonada entre torres que se alzan sobre las ruinas de las casas. Siempre al pasar junto a ella me detengo, la venero en silencio y al ver su perfil recortándose sobre el cerro Manquehue, pienso que ella fue seguramente la "majestad" de estos parajes.
En nuestros campos es frecuente que se les ordene a los peones arrancar árboles que "molestan", como si fueran maleza o mala hierba. Y abundan los pirómanos que disfrutan provocando todos los veranos incendios con distintos móviles, pero al final alimentados por el odio atávico al árbol. Es más frecuente ver a funcionarios municipales "disfrutando" de la tala de árboles que a funcionarios municipales plantando árboles. Siempre hay una excusa para arrancarlos, nunca una razón para plantarlos. "Los árboles son santuarios. Quienquiera que sepa escucharlos experimenta la verdad", dijo Herman Hesse. En su reflexión, Hesse apunta a una dimensión hoy olvidada: la de lo sagrado, lo numinoso, lo que no puede ser cuantificado ni medido. El árbol se resiste con todo su ser a ser convertido en mera cifra, en chip , y se yergue, orgulloso de tener las raíces en la tierra profunda y de alzar su copa al cielo. Nosotros debiéramos aprender de ellos la relación con la tierra, con las raíces, con el humus de donde venimos y también con el cielo. Cada árbol que talas es una escalera al cielo que derribas.
El hombre ha venerado al árbol desde siempre, convirtiéndolo en todas las culturas en símbolo axial. Ahí están el Árbol de la Vida, el Árbol del Conocimiento, el Árbol Universal, el Árbol de la Iluminación del budismo. En cualquier villorrio o aldea en los orígenes de la civilización existía una arboleda sagrada, intocable, lugar de peregrinación, de retiro y de sanación. Ni siquiera las tropas invasoras las destruían: podían arrasar las ciudades enemigas, pero jamás sus bosques sagrados.
En Chile hacemos lo contrario: lo primero que sacrificamos son nuestros árboles, víctimas propiciatorias y sacrificiales en el altar de nuestra pasmosa ignorancia e insensibilidad. ¿De dónde nos vendrá nuestro desprecio, nuestro "ninguneo" del árbol? Elicura Chihuailaf, poeta mapuche, al referirse al bosque, habla de "la taberna sagrada". Pero, ¿fue la cultura mapuche una cultura embriagada por la numinosidad de los bosques, o sólo coexistió con ellos? ¿Viene ese desprecio tal vez de los españoles? No sé.
Leo "El legado de los árboles" de Fred Hagener, un estudio de los árboles en relación con las religiones comparadas, mitología y arqueología. Ahí se muestra a pueblos como los celtas y germánicos, cuya religiosidad se basaba en las fuerzas de la naturaleza. Lo mismo sucedía con los egipcios y persas.
En Chile, país donde la naturaleza, por sus dimensiones y radicalidad, debiera haber generado un arraigado "temor sagrado" y venerante de volcanes, bosques, lagos y mar, más bien ha producido una suerte de "fuga", un estado de aturdimiento e inconciencia. ¿Quizás como venganza a una naturaleza que muchas veces nos ha lanzado al abismo?
Querida Araucaria vecina, majestad venida a menos de este Reino de Chile depredado: sueño con el día en que los niños del futuro vengan otra vez a abrazarte, a buscar tu sombra, a recoger los frutos. Si estás todavía aquí, ¡recíbelos con los brazos abiertos, como una madre a sus hijos pródigos!

No hay comentarios.: